sábado, 13 de julio de 2013

2:00 a.m

He vuelto. Hecha un lío. Estoy en uno de esos momentos en los que te da por reflexionar. En los que haces repaso de todo lo que has hecho a lo largo de un curso y te das cuenta de que has cometido demasiados errores y muy pocos aciertos, que te has metido en aprietos de los que ahora no sabes salir, que te has juntado con personas que creías que estarían ahí y que más tarde te han dado la patada. Te das cuenta de que tienes demasiados prejuicios, de que has sido egoista, de que ya no tienes nada claro.
Todo por lo que has trabajado durante un tiempo se ha venido abajo y ya no sabes qué hacer con tu vida, ni cual va a ser tu siguiente paso. No sabes qué pensar. Te hundes.
Y te empiezas a cuestionar cuántas de las decisiones que estás tomando ahora mismo son las correctas y piensas en algo en lo que no habías pensado en su momento: el futuro. Has estado pensando tanto en lo que sería el camino fácil que has ido dejando de lado lo que realmente importa solo porque tenías miedo. Solo porque era complicado. Te vuelves a hundir.
Siempre va a ser más fácil lamentarse por lo que no pudo ser que luchar por lo que pudo haber sido. Pero qué se le va a hacer... Cuando la esperanza se marcha, ya no te queda nada.