martes, 9 de enero de 2018

VII

Solamente vuelvo aquí cuando quiero escribir y que no me lea nadie porque, seamos sinceros, doy bastante igual.  He leído lo que he escrito a lo largo de todos estos años que he mantenido esto abierto y no ha cambiado nada. 
Sigo siendo la misma chica insegura de siempre que se deja superar por sus complejos, que no es capaz de luchar contra ellos. Vivo pensando que soy una molestia para todo el mundo, que no importo, que sobro totalmente de la vida. En realidad me da rabia no haber sido capaz de dejar todos esos pensamientos atrás porque me hace pensar que nunca podré hacerlo, que nunca dejaré de ser esa persona, y la verdad es que eso me pone bastante triste. 
Sé que soy una quejas, y una cobarde que no se atreve a hacerse frente a sí misma porque sabe que en el momento en el que lo haga se va a hundir y no sé si soy capaz de pasar por eso. No ahora. Soy débil cuando siempre me había creído una persona fuerte y, como siempre, me miento a mí misma. 
Me dejo dominar por la ansiedad, por lo que piensa la gente de mí, no soy capaz de terminar nada de lo que empiezo, no tengo metas, ni ilusiones, ni ganas de nada. No sé qué hago todavía aquí, ya he dicho que no ha cambiado nada.
Como siempre huyo del espejo, como siempre huyo de mí misma, como siempre me refugio en los demás para no pensar. Doy asco como persona, doy asco como hija, doy asco como amiga. No sirvo para nada. Bueno, sí, para idealizar y compararme con los demás porque me gusta torturarme pensando que soy un pequeño gran trozo de mierda que no tiene nada que aportar a nadie. 
No sé qué hago aquí, ya he dicho que no ha cambiado nada. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Ella se mira al espejo. Se mira al espejo y no se reconoce, ya no sabe quién es. Se siente triste, abrumada, desganada, desmotivada... Sola. Se siente sola a pesar de estar rodeada de gente, se siente sola a pesar de estar acompañada porque le falta algo, le falta alguien... Ella.
Se mira y no se gusta, se odia. Odia esa barriga flácida que sobresale por debajo de sus costillas, ella no la quiere, quiere que se vaya, quiere ser como esas chicas que salen en la tele, delgadas, bonitas. Mira sus gemelos, su espalda, sus brazos, ahora flácidos, sus manos, cerradas en puños a causa de la impotencia, sus muslos, su pecho, su rostro, su pelo. Ella odia cada milímetro de su cuerpo, lo odia mientras otros insisten en que se quiera, como si fuera fácil, como si eso pudiera pasar.
Se siente atrapada, atrapada entre sus deseos y los deseos que tienen para ella los demás. Ente lo que debe y lo que quiere hacer, entre lo que debe y quiere ser.
No es buena persona, no es interesante, pasa desapercibida, sabe que su ausencia no se notaría demasiado, quiere desaparecer. Y lo hará.

lunes, 19 de enero de 2015

IV

   Estoy harta. Harta de tanto egoísmo, de que la gente únicamente mire por su ombligo y sude de lo que le rodea, de que se piense antes en las apariencias que en cualquier otra cosa, de tener que pensar lo que voy a decir antes de hablar por miedo al qué dirán, en fin...

    Echo de menos esos tiempos en los que podías decir lo primero que se te pasaba por la cabeza sin sentirte mal porque se supone que eras demasiado pequeño para saber lo que estabas diciendo, esos tiempos en los que un amigo era un amigo porque quería y no por simple interés, en los que tus padres eran superhéroes y ni se te pasaba por la cabeza el estar un día sin hablar con alguno de ellos, esos días en los que tu única preocupación era jugar hasta caer rendido y pasártelo lo mejor posible; o esos en los que tu cabeza desbordaba imaginación y podías ser todo lo que quisieras. Yo quería ser una princesa, tener mi propio cuento de hadas con final feliz; pero aquí estoy, después de haber aprendido que los cuentos de hadas no existen, y menos los finales felices.

    Si de pequeña me hubiera visto en este momento, me habría dado de hostias por dejar de creer en lo que siempre creí, por ser una persona casi hundida que se mantiene a flote como puede, apoyándose en las pocas personas en las que de verdad confía, que son sus botes salvavidas; por no quererme lo suficiente después de haberme puesto delante de un espejo y haberme dicho millones de veces que era la princesa más guapa de todos los reinos habidos, y  por haberme comparado con otras después de haberme repetido una y otra vez lo especial que soy mientras me disfrazaba con los pañuelos de mi abuela y fingía ser una persona totalmente diferente a la que era solo por probar; por desanimarme con los estudios después de haberme leído demasiadas enciclopedias con datos interesantes; por cambiar los libros por un móvil después del tiempo que pasé sentada en mi cuarto con un libro en las manos.
 
   A lo mejor de pequeña era una niña demasiado soñadora y con demasiadas esperanzas en mi futuro, pero aquí estoy años más tarde, pensando en que quizás todo habría sido más fácil si no me hubiera permitido soñar, pero en fin... ¿Qué es la vida sin sueños?

viernes, 9 de enero de 2015

Cosas que me pasan por la cabeza a la 1:50 de la mañana

Nunca sé cómo empezar a escribir aquí, sobretodo porque no creo que nadie me lea ni que a nadie le importe las tonterías que pongo aquí, pero bueno.

Hoy vengo porque necesito desahogarme con un tema que me viene rondando la cabeza desde hace tiempo y que me ha ido afectando más según pasaban las navidades. ¿Alguna vez habéis perdido a un ser querido? ¿Un familiar? ¿Alguien cercano? Vale, ¿Y si os dijera que tienes los medios para ver a esa persona pero ella no quiere saber nada de ti? Pues eso es lo que me pasa en este preciso instante y desde hace medio año.

Estoy aquí sentada, escribiendo y pensando, deseando que esa persona lea lo que digo, lo que quiero decirle y a la vez rezando porque no lo haga. Le echo de menos. Mucho. Cuando pienso que hace un año que se estropeó nuestra relación hasta el punto de cortarla por completo y que ni siquiera sé el motivo exacto por el que pasó me vengo abajo. Cuando veo a niñas y adolescentes o incluso a adultos con sus padres, teniendo una relación de total confianza, de cariño... En fin, de familia, no puedo evitar preguntarme cómo será dentro de unos años, cómo me afectará el no tener una figura paterna con la que sentirme a gusto y protegida, o simplemente a la que enseñarle cualquier cosa que haya aprendido nueva me derrumbo.
Estoy todas las noches despierta, preguntándome qué estará haciendo en ese momento o como le irá, si me echa de menos, si desea que las cosas no hubieran pasado como han pasado... Está claro que aquí nadie se salva, mi orgullo y mi temperamento han jugado un papel importante y es gracioso porque lo he sacado de él. Cada vez me encuentro un rasgo que me acerca a él y que hace que le vuelva a echar de menos. Me siento mal. Me siento tonta, estúpida, imbécil. Me recrimino siempre que puedo el haber dejado que esto acabara así, pero bueno, las cosas son como son y están como están.
No espero que nadie lea esto, de hecho, me gustaría que ignoraseis esta entrada, está hecha para mí.

viernes, 18 de julio de 2014

Tengo ganas de llorar. Hoy ha salido la lista de admisiones para la universidad y creo que una patada en el estómago me habría sentado mejor que ver que no voy a poder estudiar lo que más ilusión me hacía. Llevaba tiempo intentando hacerme a la idea de que la nota no me iba a llegar, y creía que lo había conseguido... Hasta esta mañana.
Me he dado cuenta de que no soy capaz de luchar por nada, de que no he cumplido ninguno de los objetivos que me he puesto. Ninguno. Yo antes no era así, antes no me venía abajo ante el más mínimo problema, antes luchaba por lo que quería, antes mis padres estaban orgullosos de mí, y ahora... Bueno, ahora digamos que llevo escrita en la frente la palabra "fracaso"; he perdido a uno de mis padres por culpa de mi estúpido orgullo, mi bordería y por creer que podía aspirar a ser algo en la vida cuando está claro que él tenía razón y yo no sirvo para nada. Ahora estoy hundida, todas esas discusiones que ha hecho que mi padre deje de considerarse como tal no han servido para nada, para absolutamente nada. Y ¿Sabéis qué es lo más gracioso? Que creía que iba a poder demostrar que no soy tonta y que puedo aspirar a una nota alta. En fin, ya era hora de que volviese al mundo real, he estado demasiado tiempo subida en mi nube, lástima que no me haya dado cuenta antes. 

sábado, 1 de febrero de 2014

En fin.

¿Sabéis esas temporadas en las que no puedes ni mirarte en el espejo del asco que te tienes? Estás tan cansado de todo, tan hasta las narices de verte mal, de no quererte, de compararte constantemente con otras personas, de buscarte defectos y no ver nada bueno, de... En fin, de no estar a gusto contigo mismo.
Te miras en el espejo y no te gustas en absoluto, piensas sobre lo que pensará la gente de ti, sobre lo que piensas tú de ti, sobre lo que deberías cambiar. Y entonces haces cosas como cortarte el pelo, teñírtelo o cambiar por completo tu forma de vestir para ver si así puedes verte un poco mejor, si ese cambio te puede ayudar a quererte. Nada. No sirve de nada. Entonces te vienes abajo y todos los problemas se te vienen encima y tú tienes que sacar fuerzas de quién sabe donde para poder soportar esta mierda de situación sin volverte loca. Porque cuando un aspecto de tu vida va mal, lo demás solamente puede empeorarlo más.
Yo por ejemplo estoy desmotivada. Muy desmotivada. Cada mañana cuando suena el despertador a las 7:30 exactamente, me quedo un rato tumbada en la cama, no por sueño, que va. Me quedo tumbada y empiezo a buscar esas razones que me van a ayudar a soportar lo que probablemente sea otro día de mierda dentro de otra semana de mierda, y no los encuentro. Lo único que quiero es quedarme en mi cama todo el día tumbada y escuchando la más deprimente de las canciones, y que cuando ésta acabe dormirme y no despertarme nunca. He perdido toda la ilusión por levantarme de la cama, por estudiar, por ver a la gente. Ahora lo único que quiero es estar sola, vivir en mi mundo y que le jodan a todo lo demás. Porque estoy harta de vivir rodeada de falsos, de gente egoísta a la que se la suda lo demás, de ególatras, de gente que lo único que sabe hacer es hacer sentir mal a la gente para poder sentirse ellos bien. Vivo rodeada de gente que me da demasiado asco pero que está muy encantada de haberse conocido. Aunque bueno, también vivo rodeada de gente que merece la pena de verdad. Que ha pasado por malos tragos y ha sido capaces de seguir adelante y, que siendo personas increíbles de  verdad no se valoran una mierda, porque la gente anteriormente citada se merece una puta patada en la boca.
Mirad, yo solo espero que esto se pase, que la gente abra los ojos y vea el asco de sociedad en la que nos estamos convirtiendo, porque si ésto sigue así no quiero ni pensar en cómo vamos a estar dentro de unos años.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Meh.

¿Sabéis? Estoy cansada. Cansada de todos y de todo. Cansada de pasarme las noches en vela preguntándome qué coño he hecho para llegar a esta situación, de llorar y de tener que fingir al día siguiente que todo está bien y poner esa sonrisa falsa que ya no puedo cambiar porque es el puto papel que me he buscado yo solita. Porque parece que ahora el que llora en público solo busca atención y en vez de apoyarle se busca el dejarle en ridículo. Ahora cuando se pregunta se hace para satisfacer la propia curiosidad y, por supuesto, no ayudar al otro.
Estoy cansada de vivir en una sociedad en la que lo normal es no valorarse en absoluto solo porque día sí y día también te bombardeen a cada segundo con esa mierda que lo único que hace es que te sientas imperfecta, que te veas gorda, que no te quieras y acabes haciendo cualquier tontería. Porque dirán que no, pero ahora o se es delgado o se está gordo. No hay término medio. Me juego el cuello a que ahora, en este mismo instante hay miles de personas mirándose en el espejo y comparándose con ese modelo de persona que se te impone y viéndose mal, dándose asco cuando en realidad es la persona más increíble del mundo.
Me da asco vivir en una sociedad en donde a la mínima te ponen una etiqueta, y donde lo normal es ser falso, e importa más lo que la gente ve o piense de ti que lo que pienses tú mismo. Una sociedad en la que la gente deja de ser como es solamente para poder encajar y ser aceptado, porque quizás el miedo a ser rechazado es demasiado fuerte. Se empieza a tener miedo a mostrarse tal y como se es, hasta que cometes un fallo. Un solo fallo, y entonces los que se supone que son tus amigos empezarán a hablar de ti a tus espaldas y a darte de lado, y tú acabarás agradeciéndolo porque estabas hasta los cojones de ser alguien completamente distinto. Y mirarás a tu alrededor y te darás cuenta de que has estado muy, muy ciego y de que hay otra gente distinta, que lo normal no es ser falso, que hay gente dispuesta a aceptarte tal y como eres.
Mirad, no sé si lo que he escrito tiene algún sentido o no o si estáis de acuerdo o qué. Yo solo sé que necesitaba soltarlo todo y, por supuesto aun me he guardado muchas cosas, pero que si algún día estáis mal, no seáis tontos y hablad con alguien, a veces eso ayuda más de lo que os imagináis, y, aunque no lo parezca, siempre va a haber una persona desinteresada dispuesta a escucharte y a ayudarte, y que si lo hace lo hace por ti y no por sentirse mejor consigo misma. No estáis solos.