Ella se mira al espejo. Se mira al espejo y no se reconoce, ya no sabe quién es. Se siente triste, abrumada, desganada, desmotivada... Sola. Se siente sola a pesar de estar rodeada de gente, se siente sola a pesar de estar acompañada porque le falta algo, le falta alguien... Ella.
Se mira y no se gusta, se odia. Odia esa barriga flácida que sobresale por debajo de sus costillas, ella no la quiere, quiere que se vaya, quiere ser como esas chicas que salen en la tele, delgadas, bonitas. Mira sus gemelos, su espalda, sus brazos, ahora flácidos, sus manos, cerradas en puños a causa de la impotencia, sus muslos, su pecho, su rostro, su pelo. Ella odia cada milímetro de su cuerpo, lo odia mientras otros insisten en que se quiera, como si fuera fácil, como si eso pudiera pasar.
Se siente atrapada, atrapada entre sus deseos y los deseos que tienen para ella los demás. Ente lo que debe y lo que quiere hacer, entre lo que debe y quiere ser.
No es buena persona, no es interesante, pasa desapercibida, sabe que su ausencia no se notaría demasiado, quiere desaparecer. Y lo hará.