lunes, 10 de septiembre de 2012

No se puede explicar.

No, no se puede explicar. Te pasas el tiempo pensando en los demás, en cómo les puedes ayudar, en cómo les puedes animar. Pero cuando te toca a ti... ¿Cómo puedes estar seguro de que vas a tener a alguien ahí? Sí, tienes esas cosas llamadas amigos que se supone que son los que siempre están ahí, los que te apoyan, te animan, te hacen reír, te aconsejan... Pero ¿Cómo estar seguro de quienes son realmente tus amigos, tu gente? No se puede. Tú eliges a alguien con la esperanza de que te pueda ayudar en algo, de que le importe un mínimo esas cosas que tienes que contarle, esa situación en la que estás y que no te permite avanzar. Esa persona, finge interés, finge que le importa algo y te dice algo para salir del paso y tú finges que te ha ayudado, y sigues con tu vida, haciendo como que todo está bien, mostrándote como una persona feliz, que siempre está para los demás, haciendo como que todo te va perfecto, no tienes preocupaciones, solo para dejar de sentirte como una exagerada porque piensas que tus problemas, por graves que sean, no son nada comparados con los de otros. Y te sientes como una niñata tonta y quejica, te sientes mal contigo mismo, como una auténtica mierda. Llegas todos los días a casa pensando que estás bien, pero... ¿Adivinas que música va a sonar esa tarde en tu habitación? Sí, canciones tristes, deprimentes, lentas que te ayudan a ver que no estás tan bien como quieres aparentar, te hacen llorar y maldecir a esas personas que se supone que te conocen y que no han sabido darse cuenta de que no todo va bien en tu aparentemente perfecta vida, de que hay algo que te perturba y que no puedes arreglar tú solo. Y te acuestas esa misma noche pensando que al día siguiente estarás mejor... Benditos sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario