Estoy harta. Harta de tanto egoísmo, de que la gente únicamente mire por su ombligo y sude de lo que le rodea, de que se piense antes en las apariencias que en cualquier otra cosa, de tener que pensar lo que voy a decir antes de hablar por miedo al qué dirán, en fin...
Echo de menos esos tiempos en los que podías decir lo primero que se te pasaba por la cabeza sin sentirte mal porque se supone que eras demasiado pequeño para saber lo que estabas diciendo, esos tiempos en los que un amigo era un amigo porque quería y no por simple interés, en los que tus padres eran superhéroes y ni se te pasaba por la cabeza el estar un día sin hablar con alguno de ellos, esos días en los que tu única preocupación era jugar hasta caer rendido y pasártelo lo mejor posible; o esos en los que tu cabeza desbordaba imaginación y podías ser todo lo que quisieras. Yo quería ser una princesa, tener mi propio cuento de hadas con final feliz; pero aquí estoy, después de haber aprendido que los cuentos de hadas no existen, y menos los finales felices.
Si de pequeña me hubiera visto en este momento, me habría dado de hostias por dejar de creer en lo que siempre creí, por ser una persona casi hundida que se mantiene a flote como puede, apoyándose en las pocas personas en las que de verdad confía, que son sus botes salvavidas; por no quererme lo suficiente después de haberme puesto delante de un espejo y haberme dicho millones de veces que era la princesa más guapa de todos los reinos habidos, y por haberme comparado con otras después de haberme repetido una y otra vez lo especial que soy mientras me disfrazaba con los pañuelos de mi abuela y fingía ser una persona totalmente diferente a la que era solo por probar; por desanimarme con los estudios después de haberme leído demasiadas enciclopedias con datos interesantes; por cambiar los libros por un móvil después del tiempo que pasé sentada en mi cuarto con un libro en las manos.
A lo mejor de pequeña era una niña demasiado soñadora y con demasiadas esperanzas en mi futuro, pero aquí estoy años más tarde, pensando en que quizás todo habría sido más fácil si no me hubiera permitido soñar, pero en fin... ¿Qué es la vida sin sueños?
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