martes, 9 de enero de 2018

VII

Solamente vuelvo aquí cuando quiero escribir y que no me lea nadie porque, seamos sinceros, doy bastante igual.  He leído lo que he escrito a lo largo de todos estos años que he mantenido esto abierto y no ha cambiado nada. 
Sigo siendo la misma chica insegura de siempre que se deja superar por sus complejos, que no es capaz de luchar contra ellos. Vivo pensando que soy una molestia para todo el mundo, que no importo, que sobro totalmente de la vida. En realidad me da rabia no haber sido capaz de dejar todos esos pensamientos atrás porque me hace pensar que nunca podré hacerlo, que nunca dejaré de ser esa persona, y la verdad es que eso me pone bastante triste. 
Sé que soy una quejas, y una cobarde que no se atreve a hacerse frente a sí misma porque sabe que en el momento en el que lo haga se va a hundir y no sé si soy capaz de pasar por eso. No ahora. Soy débil cuando siempre me había creído una persona fuerte y, como siempre, me miento a mí misma. 
Me dejo dominar por la ansiedad, por lo que piensa la gente de mí, no soy capaz de terminar nada de lo que empiezo, no tengo metas, ni ilusiones, ni ganas de nada. No sé qué hago todavía aquí, ya he dicho que no ha cambiado nada.
Como siempre huyo del espejo, como siempre huyo de mí misma, como siempre me refugio en los demás para no pensar. Doy asco como persona, doy asco como hija, doy asco como amiga. No sirvo para nada. Bueno, sí, para idealizar y compararme con los demás porque me gusta torturarme pensando que soy un pequeño gran trozo de mierda que no tiene nada que aportar a nadie. 
No sé qué hago aquí, ya he dicho que no ha cambiado nada. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario